
Cuando un universitario se enfrenta a su última asignatura para licenciarse, se supone que tiene que ir más que preparado y para ello, tiene que absorber toda la información posible en su mente, en su alma y en su corazón.
Ese es mi caso, el 17 de julio me enfrento a mi última asignatura para ser licenciada en Publicidad y en RRPP.
Para preparar mejor mi examen he estado leyendo alguno de los “libros de oro” sobre publicidad que complementan la bibliografía de la asignatura en cuestión. Entre estos libros se encuentran “Posicionamiento, la batalla por su mente, de Al Ries y Jack Trout”, “Palabras para vender, palabras para soñar de Juan Rey”, “Confesiones de un publicitario, de Ogilvy” y el último “Manual del redactor publicitario de Castellblanque”.
Si tengo que ser sincera, el mejor libro que he leido ha sido el de Ogilvy, al menos en su manera de acercase al lector y hacerlo cómplice de sus confesiones. Castellblanque tampoco se queda atrás, su manera de escribir es muy didáctica y se nota muchísimo que es profesor, escribe amando cada una de las letras y hace reseñas a otros autores de una forma muy coherente y sencilla.
De Al Ries, Jack Trout y Juan Rey no puedo decir lo mismo, sus lecturas se hacen difíciles y espesas, aunque siguen siendo libros obligados para todo publicitario, ya que hablan de temas muy importantes.
Tengo mil anotaciones de estos libros que me han llegado al corazón, pero hoy haré una reseña que Castellblanque hace de otro libro:
“En realidad las personas creativas de éxito tienen buen sentido del humor, una imaginación muy viva y un profundo interés en las personas y en todo lo que las motiva. Su mente abarca los temas más diversos (...) Advierten conexiones que otras personas no ven. Poseen la capacidad de no limitarse a percibir las cosas como aparecen, sino que adoptan nuevas perspectivas frente a ellas, van más allá de la superficie y encuentran la bellaza en las cosas ordinarias” (Barry, AM. El portafolio creativo del publicista)
Con estas líneas se describe el perfil el redactor publicitario y yo sonrío, porque pienso que me están describiendo a mí. De alguna forma, quizás, estas letras me animan a seguir buscando mi lugar, porque yo nací para escribir anuncios, porque lo llevo en la sangre, porque poseo todas las cualidades, solo me falta esa oportunidad...
Ese es mi caso, el 17 de julio me enfrento a mi última asignatura para ser licenciada en Publicidad y en RRPP.
Para preparar mejor mi examen he estado leyendo alguno de los “libros de oro” sobre publicidad que complementan la bibliografía de la asignatura en cuestión. Entre estos libros se encuentran “Posicionamiento, la batalla por su mente, de Al Ries y Jack Trout”, “Palabras para vender, palabras para soñar de Juan Rey”, “Confesiones de un publicitario, de Ogilvy” y el último “Manual del redactor publicitario de Castellblanque”.
Si tengo que ser sincera, el mejor libro que he leido ha sido el de Ogilvy, al menos en su manera de acercase al lector y hacerlo cómplice de sus confesiones. Castellblanque tampoco se queda atrás, su manera de escribir es muy didáctica y se nota muchísimo que es profesor, escribe amando cada una de las letras y hace reseñas a otros autores de una forma muy coherente y sencilla.
De Al Ries, Jack Trout y Juan Rey no puedo decir lo mismo, sus lecturas se hacen difíciles y espesas, aunque siguen siendo libros obligados para todo publicitario, ya que hablan de temas muy importantes.
Tengo mil anotaciones de estos libros que me han llegado al corazón, pero hoy haré una reseña que Castellblanque hace de otro libro:
Con estas líneas se describe el perfil el redactor publicitario y yo sonrío, porque pienso que me están describiendo a mí. De alguna forma, quizás, estas letras me animan a seguir buscando mi lugar, porque yo nací para escribir anuncios, porque lo llevo en la sangre, porque poseo todas las cualidades, solo me falta esa oportunidad...



